Al filo de la navaja

Al filo de la navaja
Nuestro pasado no determina nuestro futuro, son nuestras decisiones y nuestras acciones las que lo hacen. Así como tampoco somos responsables por lo que nuestros antepasados hayan hecho o pretendido hacer de nosotros, pero sí lo somos de lo que decidamos hacer con ello. El pasado es un hecho, el presente lo construimos segundo a segundo, y el futuro es un lugar incierto que siempre nos mantendrá… Al Filo de la Navaja

sábado, 28 de junio de 2014

Cap. 09 ¿Quién…?



La llegada de Harry al cuartel general de la Orden, les supuso a los chicos una alegría, pero en principio tuvieron que enfrentarse a su ira por sentirse excluido de los acontecimientos, aunque luego se diera cuenta de que sus amigos no estaban mucho más enterados que él, y que todo lo que habían hecho hasta ese momento, era trabajar como elfos domésticos. Sin embargo, subsistía cierto resquemor, por la orden que según los chicos, había sido dada por Dumbledore con relación a que no podían decirle nada en sus cartas, ya que no entendía qué demonios iban a decir, si no sabían nada. La información que le proporcionaron los miembros de la Orden, no sin una considerable cantidad de protestas por parte de la señora Weasley, no le aclaró mucho y lo dejó más preocupado que antes.

Hermione seguía triste, aunque intentaba disimularlo, y la obligada ausencia de Remus, no hizo sino aumentar su depresión. Sin embargo, a la llegada de Harry, Sirius parecía un poco más animado y más dispuesto a compartir con ellos. Bromeaba acerca de la enfermiza inclinación de su familia por las Artes Oscuras, vivía en una pelea constante con Kreacher, e intentaba junto con los demás, de deshacerse de todos los “bonitos” adornos de la casa. Les habló de los miembros de la familia, cuando ellos mostraron curiosidad por el tapiz que contenía el árbol genealógico de los Black, del cual él, por supuesto había sido suprimido, al igual que algunos otros, incluida la madre de Tonks.

En varias ocasiones anteriores, desde inicios del verano, Sirius había notado la predilección de Hermione por la lectura, y que cada vez que tenía un momento libre, corría a la Biblioteca, cosa que había sido confirmada por Remus con mucho entusiasmo. Pero a pesar de su aparente desinterés en todo, Sirius también había notado que ella estaba muy cambiada, y él sabía lo suficiente de chicas, ya que era una materia en la que si hubiesen colocado nota, habría sacado un escandaloso Extraordinario, como para concluir rápidamente, que estaba enamorada. La siguiente y lógica pregunta que se hizo, fue de quién. Y como sentía verdadera manía por saberlo todo, decidió averiguarlo.

Sus primeros y obvios candidatos, eran Harry y Ron. Pero a Ron lo encontró demasiado inmaduro para una chica como aquella, y a Harry demasiado metido en sus propios problemas, que no eran pocos, como para prestar atención a chicas. Cosa que por cierto, le parecía una necedad, ya que eso lo habría ayudado a distraerse, pero cada quien era como era y no había nada qué hacer, en eso Harry se parecía extraordinariamente a Lily,  se preocupaban con cada átomo de su humanidad. De modo que descartó a estos dos y siguió con los gemelos, pero la atenta observación  arrojó el mismo resultado, tampoco se trataba de ninguno de ellos. Así que el hipotético enamorado, debía ser algún otro individuo del colegio, y su tristeza y melancolía seguramente venía dada a que no podría verlo hasta finalizadas las vacaciones.

Durante una cena, cuando Remus llevaba varios días fuera, Harry quiso saber cuando volvía.

-             Sirius, hace muchos días que Remus se marchó  -  dijo  -  la luna llena no dura tanto tiempo.

-             En realidad completamente llena, solo un día  -  dijo Sirius  -  pero generalmente los efectos de la transformación duran entre tres y cuatro días.

-             Bien, pero ya han pasado cinco.

-             Quizá demore bastante en volver  -  intervino Bill  -  ya Dumbledore había planteado la posibilidad de que se quedase más tiempo para poder conversar verdaderamente con los demás, esto fue posible en la pasada luna llena, porque primero debe ser aceptado. De modo que si consiguió introduciré en su círculo, e posible que se quede con ellos hasta la próxima luna llena.

Varias cosas sucedieron al tiempo. Harry lanzó un “qué” mucho más elevado de lo necesario. Alguien había llamado a la puerta, logrando con ello, que el odioso retrato de la madre de Sirius comenzase a dar gritos ensordecedores, profiriendo toda clase de insultos; y  Crookshanks, que como de costumbre, se encontraba en el regazo de Sirius, saltó dando un chillido agudo cuando éste se puso de pie para ir a acallar a su escandalosa madre. Todo esto hizo que la exclamación de Hermione, y el estrépito de la taza que había dejado caer involuntariamente al escuchar lo dicho por Bill, pasasen casi desapercibidos.  “Casi” porque Sirius sí lo notó, pero pensó que simplemente se había asustado con todo el barullo.

Mucho más tarde, Sirius se dirigió a la Biblioteca, porque aunque había pensado salir aquella noche, cuando Remus no estaba, no le gustaba dejar a los chicos.  Arthur tampoco se encontraba en el cuartel porque estaba de guardia aquella noche, de  modo que habría tenido que dejarlos con la sola compañía de Bill, y no le pareció prudente. Cuando pensó en ello sonrió.

-             Tendrás que darme una alta puntuación por esto Lunático  -  susurró hablando consigo mismo  -  Estoy renunciando al placer en beneficio de la prudencia, debo estar loco.

Pero se detuvo con brusquedad en cuanto llegó a la puerta de la Biblioteca. Hermione estaba en un sillón con un libro abierto entre las manos, pero él se preguntó con qué fin, porque su mirada a estaba a kilómetros de allí. Avanzó hacia donde se encontraba la chica, pero ella no se dio por enterada. De modo que decidió anunciar su presencia de un modo más notorio y se aclaró ruidosamente la garganta.

En ese momento ella levantó la cabeza, y a él le pareció que volvía de un sueño.

-             ¿Lectura interesante?  -  le preguntó

-             ¡Oh sí!  -  exclamó ella  -  Tienes libros muy amenos aquí.

Sirius que había echado un rápido vistazo al libro, sonrió al  reconocer un viejo texto de su padre, del que podían decirse varias cosas, pero “ameno” no era una de ellas.

-             Ya sabía que eres muy inteligente, y de no haberlo sabido, Remus se habría encargado de que me enterara porque lo repite hasta el aburrimiento  -  le dijo  -  pero no tenía idea de que supieras griego  -  concluyó mirando ostensiblemente el libro

Para Hermione escuchar el nombre de Remus y quedarse pegada en él, fue lo mismo. De modo que reaccionó unos segundos más tarde, bajando la mirada al libro que descansaba en su regazo, y dándose cuenta de su estúpido error.

-             Bueno es que… yo…

-             ¿Puedo ayudarte?

-             ¿Cómo dices?

-             Veamos, quizá me encuentres sumamente entrometido, pero no he podido evitar notar que estás…

-             ¡Oh no, no,no!  -  lo interrumpió  -  Estoy bien, de veras

-             Yo no he dicho que no lo estuvieras  -  dijo él elevando una ceja

Ella bajó la mirada muy avergonzada.

-             Hermione  -  pero ella seguía mirándose las puntas de los zapatos  -  Es posible que me consideres viejo, lo cual me ofendería mucho  -  dijo con un deje de humor  -  pero no lo soy tanto como para no darme cuenta de lo que está sucediendo

La chica seguía negándose tercamente a mirarlo. Así que Sirius estiró la mano y colocando un dedo bajo la barbilla de ella, la obligó a levantar la cabeza.

-             ¿Quién es el feliz afortunado?  -  le preguntó

De la sorpresa, ella pasó al asombro y con la misma velocidad al horror. Intentó sin éxito, desviar la mirada, pero aquellos ojos grises no estaban dispuestos a ceder. Sus mejillas se tiñeron de un intenso rojo, pero ya estaba bastante avergonzada, como para añadir más vergüenza reconociendo ante él precisamente, que estaba tontamente enamorada de su ex profesor, ganándose así, con toda probabilidad y conociéndolo, su burla.  Y si tenía una extraordinaria suerte, cosa bastante improbable, tal vez la enviaría a dormir con una palmada en el trasero y la recomendación de dejar de pensar tonterías.

A pesar de todos sus alocados pensamientos, seguía presa de aquellos ojos que sin misericordia alguna le impedían moverse. Y de pronto y sin previo aviso, los suyos se llenaron de lágrimas, y un instante después, lloraba desconsolada en brazos de Sirius.

-             Vamos niña, no es ninguna tragedia enamorarse  -  pero de pronto se detuvo y pensó en otra posibilidad  -  No me digas que el idiota o se da por enterado.

Aquello si era trágico en opinión de Sirius, porque en su caso no había desaprovechado nunca ninguna oportunidad, pero sabía de individuos que ni que les dieran con algo en la cabeza se enteraban  que había alguna chica suspirando por ellos.

-             ¿Es eso?  -  le preguntó separándola un poco y levantándole de nuevo la cara

Pero ella se limitó a negar con la cabeza. El decidió tener paciencia y esperar que se calmara un poco, pero mientras eso sucedía, repentinamente una voz que rebosaba ira se dejó escuchar.

-             ¡Quítale las manos de encima!

Apenas si tuvieron tiempo de girar las cabezas, cuando un excepcionalmente furioso Remus ya estaba encima de ellos.  Literalmente arrancó a Hermione de los brazos de Sirius, y la arrastró hacia la puerta.

-             Vete a tu habitación.

-             Pero…

-             ¡Ahora!

La chica más asombrada que otra cosa, obedeció y se marchó. Remus se volvió mientras que Sirius aún lo miraba con expresión de extrañeza.

-             ¿Y se puede saber qué…?

Pero sin estar preparado para ello, recibió un puñetazo en el estómago que lo hizo tambalearse, y no habiendo esperado algo así, el factor sorpresa sumado a su fuerza física, le otorgó aún más ventaja a Remus, que volvió a golpearlo. Cuando el cerebro de Sirius, registró con precisión que su amigo lo estaba atacando de forma salvaje, decidió ponerle un alto al asunto. Detuvo el próximo golpe y con una precisión casi matemática, asestó dos puñetazos que neutralizaron a Remus. Si bien era cierto que la condición de Lupin le otorgaba una fuerza física muy superior, sobre todo en ciertos estados alterados, no era menos cierto que Sirius tenía una larga experiencia en meterse en líos que solían terminar a golpes, por lo que había adquirido la habilidad de defenderse de forma muy efectiva sin importar las condiciones físicas de su oponente.  

Una vez que estuvieron separados, Sirius se quitó el largo cabello del rostro, se limpió la sangre del labio y miró a su amigo con ira.

-             Se puede saber ¿qué demonios te sucede?  -  preguntó  -  ¿A qué vino todo esto?

-             ¡No te le acerques!   ¡No la mires!  ¡Y si vuelves a ponerle un solo dedo encima, te juro que lamentarás haberme conocido!  - le gritó

-             Pero… qué…  -  se detuvo cuando las palabras y la actitud de Remus encontraron el camino a su cerebro, y abriendo mucho los ojos  -  ¡Por las Barbas de Merlín!

Se hizo un momentáneo silencio, mientras Sirius procesaba a toda velocidad la información de la que disponía, y colocaba en su lugar los detalles aparentemente sin sentido o considerados insignificantes hasta ahora.

-             ¡Remus John Lupin!  ¿Has perdido el juicio?  -  sin embargo en su voz y en la pregunta no había acusación sino más bien cierto tono de diversión  -  Lunático, supongo que has notado que es algo más que una bebe ¿verdad?

-             No digas estupideces Sirius  -  dijo él cuando recuperó algo de cordura y vio lo que acaba de hacer y de decir, y a la persona más inapropiada del planeta

-             ¿Yo digo estupideces?

-             Escúchame, te conozco lo suficiente ¿bueno? Y simplemente no quiero que…

-             ¡Ey, ey alto ahí! De acuerdo en que siempre he sido acusado de no discriminar, pero te aseguro que ahora me gustan un poco más mayorcitas

-             Ya basta, me voy a dormir.

-             No, no, no, no alto ahí mi amigo  -  y el cerró el paso  --  no supondrás que esto  -  dijo señalando su labio roto  -  va a quedarse así, nadie me golpea sin pagar por ello, o cuando menos darme una buena explicación

-             Ya te lo dije, no quiero…

-             Ahorremos tiempo, si vas a mantener esa estúpida versión, entonces yo te daré la mía.

-             Sirius, estoy cansado, llevo cinco días sin dormir. Si lo que quieres es que me disculpe contigo, de acuerdo, discúlpame y ahora…

-             ¿Sabes qué? Me importa un demonio que lleves un mes sin dormir, y de nada me sirven tus disculpas. Tu problema Lunático, y uno muy grande debo decir, es que te enamoraste.

-             Deja de decir necedades, hombre.

-             Acabas de hacerme la clásica escena de celos, y  créeme que he vivido unas cuantas, con golpes incluidos. Así que si tú quieres mentirte a ti mismo, por mi está bien, pero no intentes engañarme a mí. Acéptalo Lunático, te enamoraste de una niña de quince años.

-             Dieciséis  -  corrigió él de forma automática

-             ¡Oh! Eso hace la diferencia, con tan abismal distancia entre una edad y otra  -  dijo en forma irónica  -  Mientras más pronto lo aceptes, con mayor eficacia podrás luchar contra eso. No puedes ir por ahí golpeando a todo el que se le acerque, y  no dudes que lo harán. De hecho creo que ella está suspirando por uno, porque…

-             ¿QUE? ¿POR QUIEN?

Sin darse cuenta no solo estaba gritando, sino que había sujetado la chaqueta de Sirius y estaba a punto de desgarrarla. De modo que él sonrió maliciosamente y elevó una ceja. Remus pareció darse cuenta repentinamente de lo que estaba haciendo y lo soltó.

-             Mmm… ¿Me decías?

Remus se dejó caer en un sillón y hundió la cara entre las manos. No tendría que haber vuelto, tendría que haberse quedado en aquel asqueroso lugar, y si lo mataban, pues mejor aún. Sirius se dirigió hacia un aparador, sirvió en dos vasos una buena cantidad del ambarino licor y regresó junto a Remus extendiéndole el vaso.

-             No quiero beber Sirius.

-             Amigo, los problemas de mujeres son los más serios que tendrás en la vida, y créeme que esta es la única manera de pasarlos.

Remus aceptó el vaso de mala gana, pero la vació tan de prisa que se sorprendió, y mientras Sirius se dirigía a servirle más, el meneó la cabeza.

-             Definitivamente eres una mala influencia

-             ¿Yo?  -  dijo en tono ofendido  -  Si serás desagradecido, trato de ayudarte

-             No creo que una borrachera me ayude gran cosa.

-             No quiero que te embriaguez, solo quiero que te tranquilices y veas las cosas con más calma.

-             ¿Qué se supone que vea con clama? ¿Mi enorme estupidez? ¿La imposibilidad del asunto? ¿Qué todos querrían matarme si se enteraran? ¿Qué tendré que resignarme a verla del brazo de algún estúpido jovenzuelo que tendrá tantas posibilidades de hacerla feliz, como yo de alcanzar la luna?

-             ¿Y por qué no habría de ser feliz?  -  preguntó Sirius a quien eso particularmente, le había llamado más la atención que todo lo demás

-             Porque la conozco, sé cómo piensa, cómo siente y hasta conozco cada una de las posibles reacciones que asumiría ante cualquier situación

Sirius lo miró atención y llegó a la desesperante conclusión de que su amigo estaba loca y perdidamente enamorado de aquella niña. Lo que de manera inmediata, podía convertirse en un enorme problema. Porque hay dos cosas que no podemos ocultar por mucho que nos esforcemos, una es la tos, y la otra el amor.

Sacó rápidas cuentas, y por fortuna solo faltaban tres semanas para que los chicos volvieran a Hogwarts. Tal vez entonces el tormento para su amigo cesaría, y tendría oportunidad de reponerse de aquella descomunal locura.

-             ¿De quién está enamorada?  -  preguntó en un tono de profunda tristeza

-             No lo sé, fuiste muy inoportuno, porque llegaste cuando intentaba que me lo dijese.

-             No puedo creer que no me lo dijera.

Pero más que eso, lo que él se estaba reprochando era haberla hecho a un lado, penando que la chica se estaba haciendo ilusiones con él. Había sido bastante arrogante al pensar eso, y decididamente un imbécil. Porque quién se enamoraría de él sabiendo lo que era, y menos una niña bella e inteligente como ella.

-             ¿Y por qué habría de hacerlo? ¿Acaso notaste siquiera que está enamorada?

-             Porque normalmente me lo cuenta todo. Y sí, si lo noté solo que…  -  se interrumpió al darse cuenta de lo que iba a decir  -  bueno no importa, en cualquier caso es mi culpa, desde hace varios  días me he alejado mucho de ella.

Sirius que acaba de sorber un trago de su vaso, dejó este suspendido en el aire y acto seguido escupió el contenido de su boca en todas direcciones. Con  aquella última frase de Remus, las cosas habían terminado de calzar todas en lugar.

-             ¡Eres tú!  -  exclamó poniéndose de pie  -  ¡Eres tú, grandísimo infeliz!

-             ¿De qué hablas ahora, Sirius?

Pero Sirius estaba paseándose de un lado a otro y juntando nuevamente las piezas. Ciertamente casi desde su llegada, a Hermione y a Remus generalmente podía encontrárselos en la Biblioteca hasta bastante tarde. Pero desde varios días antes de que llegara Harry, ya no era así, y coincidentemente era el mismo tiempo que llevaba la chica perdiendo el apetito y con aquella tristeza. Y también recordó lo que había sucedido esa misma noche, y la caída de la taza que ella sostenía,  cuando Bill les dijo que Remus podría no regresar en algún tiempo.

-             Sirius  -  lo llamó Remus, pero él seguía hundido en sus pensamientos  -  ¡SIRIUS!

-             ¿Qué?

-             ¿Cómo que, qué?  -  pregunto Remus  -   Dijiste que era yo ¿Yo soy qué exactamente?

-             Por todos los infiernos Remus, en verdad estás en grandes problemas.

-             Eso ya lo sé.

-             No, no lo sabes

-             Bien, sácame de mi ignorancia entonces

-             Que la chica es de ti de quien está enamorada.

Dos sentimientos totalmente opuestos chocaron en el interior del corazón de Remus. Por un lado la felicidad de pensar que ella pudiese verlo de esa manera, y por el otro, la dura y cruel realidad de que nunca podría ser.


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