La llegada de Harry al cuartel general de la Orden,
les supuso a los chicos una alegría, pero en principio tuvieron que enfrentarse
a su ira por sentirse excluido de los acontecimientos, aunque luego se diera
cuenta de que sus amigos no estaban mucho más enterados que él, y que todo lo
que habían hecho hasta ese momento, era trabajar como elfos domésticos. Sin
embargo, subsistía cierto resquemor, por la orden que según los chicos, había
sido dada por Dumbledore con relación a que no podían decirle nada en sus
cartas, ya que no entendía qué demonios iban a decir, si no sabían nada. La
información que le proporcionaron los miembros de la Orden, no sin una
considerable cantidad de protestas por parte de la señora Weasley, no le aclaró
mucho y lo dejó más preocupado que antes.
Hermione seguía triste, aunque intentaba
disimularlo, y la obligada ausencia de Remus, no hizo sino aumentar su
depresión. Sin embargo, a la llegada de Harry, Sirius parecía un poco más
animado y más dispuesto a compartir con ellos. Bromeaba acerca de la enfermiza
inclinación de su familia por las Artes Oscuras, vivía en una pelea constante
con Kreacher, e intentaba junto con los demás, de deshacerse de todos los
“bonitos” adornos de la casa. Les habló de los miembros de la familia, cuando
ellos mostraron curiosidad por el tapiz que contenía el árbol genealógico de
los Black, del cual él, por supuesto había sido suprimido, al igual que algunos
otros, incluida la madre de Tonks.
En varias ocasiones anteriores, desde inicios del
verano, Sirius había notado la predilección de Hermione por la lectura, y que
cada vez que tenía un momento libre, corría a la Biblioteca, cosa que había
sido confirmada por Remus con mucho entusiasmo. Pero a pesar de su aparente
desinterés en todo, Sirius también había notado que ella estaba muy cambiada, y
él sabía lo suficiente de chicas, ya que era una materia en la que si hubiesen colocado
nota, habría sacado un escandaloso Extraordinario, como para concluir
rápidamente, que estaba enamorada. La siguiente y lógica pregunta que se hizo,
fue de quién. Y como sentía verdadera manía por saberlo todo, decidió
averiguarlo.
Sus primeros y obvios candidatos, eran Harry y Ron.
Pero a Ron lo encontró demasiado inmaduro para una chica como aquella, y a
Harry demasiado metido en sus propios problemas, que no eran pocos, como para
prestar atención a chicas. Cosa que por cierto, le parecía una necedad, ya que
eso lo habría ayudado a distraerse, pero cada quien era como era y no había
nada qué hacer, en eso Harry se parecía extraordinariamente a Lily, se preocupaban con cada átomo de su
humanidad. De modo que descartó a estos dos y siguió con los gemelos, pero la
atenta observación arrojó el mismo
resultado, tampoco se trataba de ninguno de ellos. Así que el hipotético
enamorado, debía ser algún otro individuo del colegio, y su tristeza y
melancolía seguramente venía dada a que no podría verlo hasta finalizadas las
vacaciones.
Durante una cena, cuando Remus llevaba varios días
fuera, Harry quiso saber cuando volvía.
-
Sirius, hace
muchos días que Remus se marchó - dijo
- la luna llena no dura tanto
tiempo.
-
En realidad
completamente llena, solo un día - dijo Sirius
- pero generalmente los efectos
de la transformación duran entre tres y cuatro días.
-
Bien, pero ya
han pasado cinco.
-
Quizá demore
bastante en volver - intervino Bill - ya
Dumbledore había planteado la posibilidad de que se quedase más tiempo para
poder conversar verdaderamente con los demás, esto fue posible en la pasada
luna llena, porque primero debe ser aceptado. De modo que si consiguió
introduciré en su círculo, e posible que se quede con ellos hasta la próxima
luna llena.
Varias cosas sucedieron al tiempo. Harry lanzó un
“qué” mucho más elevado de lo necesario. Alguien había llamado a la puerta,
logrando con ello, que el odioso retrato de la madre de Sirius comenzase a dar
gritos ensordecedores, profiriendo toda clase de insultos; y Crookshanks, que como de costumbre, se
encontraba en el regazo de Sirius, saltó dando un chillido agudo cuando éste se
puso de pie para ir a acallar a su escandalosa madre. Todo esto hizo que la
exclamación de Hermione, y el estrépito de la taza que había dejado caer
involuntariamente al escuchar lo dicho por Bill, pasasen casi
desapercibidos. “Casi” porque Sirius sí
lo notó, pero pensó que simplemente se había asustado con todo el barullo.
Mucho más tarde, Sirius se dirigió a la Biblioteca,
porque aunque había pensado salir aquella noche, cuando Remus no estaba, no le
gustaba dejar a los chicos. Arthur
tampoco se encontraba en el cuartel porque estaba de guardia aquella noche, de modo que habría tenido que dejarlos con la
sola compañía de Bill, y no le pareció prudente. Cuando pensó en ello sonrió.
-
Tendrás que
darme una alta puntuación por esto Lunático
- susurró hablando consigo
mismo -
Estoy renunciando al placer en beneficio de la prudencia, debo estar
loco.
Pero se detuvo con brusquedad en cuanto llegó a la
puerta de la Biblioteca. Hermione estaba en un sillón con un libro abierto
entre las manos, pero él se preguntó con qué fin, porque su mirada a estaba a
kilómetros de allí. Avanzó hacia donde se encontraba la chica, pero ella no se
dio por enterada. De modo que decidió anunciar su presencia de un modo más
notorio y se aclaró ruidosamente la garganta.
En ese momento ella levantó la cabeza, y a él le
pareció que volvía de un sueño.
-
¿Lectura
interesante? - le preguntó
-
¡Oh sí! -
exclamó ella - Tienes libros muy amenos aquí.
Sirius que había echado un rápido vistazo al libro,
sonrió al reconocer un viejo texto de su
padre, del que podían decirse varias cosas, pero “ameno” no era una de ellas.
-
Ya sabía que
eres muy inteligente, y de no haberlo sabido, Remus se habría encargado de que
me enterara porque lo repite hasta el aburrimiento - le
dijo -
pero no tenía idea de que supieras griego -
concluyó mirando ostensiblemente el libro
Para Hermione escuchar el nombre de Remus y quedarse
pegada en él, fue lo mismo. De modo que reaccionó unos segundos más tarde,
bajando la mirada al libro que descansaba en su regazo, y dándose cuenta de su
estúpido error.
-
Bueno es que…
yo…
-
¿Puedo
ayudarte?
-
¿Cómo dices?
-
Veamos, quizá
me encuentres sumamente entrometido, pero no he podido evitar notar que estás…
-
¡Oh no,
no,no! -
lo interrumpió - Estoy bien, de veras
-
Yo no he dicho
que no lo estuvieras - dijo él elevando una ceja
Ella bajó la mirada muy avergonzada.
-
Hermione - pero
ella seguía mirándose las puntas de los zapatos
- Es posible que me consideres
viejo, lo cual me ofendería mucho - dijo con un deje de humor - pero
no lo soy tanto como para no darme cuenta de lo que está sucediendo
La chica seguía negándose tercamente a mirarlo. Así
que Sirius estiró la mano y colocando un dedo bajo la barbilla de ella, la
obligó a levantar la cabeza.
-
¿Quién es el
feliz afortunado? - le preguntó
De la sorpresa, ella pasó al asombro y con la misma
velocidad al horror. Intentó sin éxito, desviar la mirada, pero aquellos ojos
grises no estaban dispuestos a ceder. Sus mejillas se tiñeron de un intenso
rojo, pero ya estaba bastante avergonzada, como para añadir más vergüenza
reconociendo ante él precisamente, que estaba tontamente enamorada de su ex
profesor, ganándose así, con toda probabilidad y conociéndolo, su burla. Y si tenía una extraordinaria suerte, cosa
bastante improbable, tal vez la enviaría a dormir con una palmada en el trasero
y la recomendación de dejar de pensar tonterías.
A pesar de todos sus alocados pensamientos, seguía
presa de aquellos ojos que sin misericordia alguna le impedían moverse. Y de
pronto y sin previo aviso, los suyos se llenaron de lágrimas, y un instante
después, lloraba desconsolada en brazos de Sirius.
-
Vamos niña, no
es ninguna tragedia enamorarse - pero de pronto se detuvo y pensó en otra
posibilidad - No me digas que el idiota o se da por
enterado.
Aquello si era trágico en opinión de Sirius, porque
en su caso no había desaprovechado nunca ninguna oportunidad, pero sabía de
individuos que ni que les dieran con algo en la cabeza se enteraban que había alguna chica suspirando por ellos.
-
¿Es eso? - le
preguntó separándola un poco y levantándole de nuevo la cara
Pero ella se limitó a negar con la cabeza. El
decidió tener paciencia y esperar que se calmara un poco, pero mientras eso
sucedía, repentinamente una voz que rebosaba ira se dejó escuchar.
-
¡Quítale las
manos de encima!
Apenas si tuvieron tiempo de girar las cabezas,
cuando un excepcionalmente furioso Remus ya estaba encima de ellos. Literalmente arrancó a Hermione de los brazos
de Sirius, y la arrastró hacia la puerta.
-
Vete a tu
habitación.
-
Pero…
-
¡Ahora!
La chica más asombrada que otra cosa, obedeció y se
marchó. Remus se volvió mientras que Sirius aún lo miraba con expresión de
extrañeza.
-
¿Y se puede
saber qué…?
Pero sin estar preparado para ello, recibió un
puñetazo en el estómago que lo hizo tambalearse, y no habiendo esperado algo
así, el factor sorpresa sumado a su fuerza física, le otorgó aún más ventaja a
Remus, que volvió a golpearlo. Cuando el cerebro de Sirius, registró con
precisión que su amigo lo estaba atacando de forma salvaje, decidió ponerle un
alto al asunto. Detuvo el próximo golpe y con una precisión casi matemática, asestó
dos puñetazos que neutralizaron a Remus. Si bien era cierto que la condición de
Lupin le otorgaba una fuerza física muy superior, sobre todo en ciertos estados
alterados, no era menos cierto que Sirius tenía una larga experiencia en
meterse en líos que solían terminar a golpes, por lo que había adquirido la
habilidad de defenderse de forma muy efectiva sin importar las condiciones
físicas de su oponente.
Una vez que estuvieron separados, Sirius se quitó el
largo cabello del rostro, se limpió la sangre del labio y miró a su amigo con
ira.
-
Se puede saber
¿qué demonios te sucede? - preguntó
- ¿A qué vino todo esto?
-
¡No te le
acerques! ¡No la mires! ¡Y si vuelves a ponerle un solo dedo encima,
te juro que lamentarás haberme conocido!
- le gritó
-
Pero… qué… - se
detuvo cuando las palabras y la actitud de Remus encontraron el camino a su
cerebro, y abriendo mucho los ojos - ¡Por las Barbas de Merlín!
Se hizo un momentáneo silencio, mientras Sirius
procesaba a toda velocidad la información de la que disponía, y colocaba en su
lugar los detalles aparentemente sin sentido o considerados insignificantes
hasta ahora.
-
¡Remus John
Lupin! ¿Has perdido el juicio? - sin
embargo en su voz y en la pregunta no había acusación sino más bien cierto tono
de diversión - Lunático, supongo que has notado que es algo
más que una bebe ¿verdad?
-
No digas
estupideces Sirius - dijo él cuando recuperó algo de cordura y vio
lo que acaba de hacer y de decir, y a la persona más inapropiada del planeta
-
¿Yo digo
estupideces?
-
Escúchame, te
conozco lo suficiente ¿bueno? Y simplemente no quiero que…
-
¡Ey, ey alto
ahí! De acuerdo en que siempre he sido acusado de no discriminar, pero te
aseguro que ahora me gustan un poco más mayorcitas
-
Ya basta, me
voy a dormir.
-
No, no, no, no
alto ahí mi amigo - y el cerró el paso -- no
supondrás que esto - dijo señalando su labio roto - va a
quedarse así, nadie me golpea sin pagar por ello, o cuando menos darme una
buena explicación
-
Ya te lo dije,
no quiero…
-
Ahorremos
tiempo, si vas a mantener esa estúpida versión, entonces yo te daré la mía.
-
Sirius, estoy
cansado, llevo cinco días sin dormir. Si lo que quieres es que me disculpe
contigo, de acuerdo, discúlpame y ahora…
-
¿Sabes qué? Me
importa un demonio que lleves un mes sin dormir, y de nada me sirven tus
disculpas. Tu problema Lunático, y uno muy grande debo decir, es que te
enamoraste.
-
Deja de decir
necedades, hombre.
-
Acabas de
hacerme la clásica escena de celos, y
créeme que he vivido unas cuantas, con golpes incluidos. Así que si tú
quieres mentirte a ti mismo, por mi está bien, pero no intentes engañarme a mí.
Acéptalo Lunático, te enamoraste de una niña de quince años.
-
Dieciséis -
corrigió él de forma automática
-
¡Oh! Eso hace
la diferencia, con tan abismal distancia entre una edad y otra - dijo
en forma irónica - Mientras más pronto lo aceptes, con mayor
eficacia podrás luchar contra eso. No puedes ir por ahí golpeando a todo el que
se le acerque, y no dudes que lo harán.
De hecho creo que ella está suspirando por uno, porque…
-
¿QUE? ¿POR
QUIEN?
Sin darse cuenta no solo estaba gritando, sino que
había sujetado la chaqueta de Sirius y estaba a punto de desgarrarla. De modo
que él sonrió maliciosamente y elevó una ceja. Remus pareció darse cuenta
repentinamente de lo que estaba haciendo y lo soltó.
-
Mmm… ¿Me
decías?
Remus se dejó caer en un sillón y hundió la cara
entre las manos. No tendría que haber vuelto, tendría que haberse quedado en
aquel asqueroso lugar, y si lo mataban, pues mejor aún. Sirius se dirigió hacia
un aparador, sirvió en dos vasos una buena cantidad del ambarino licor y
regresó junto a Remus extendiéndole el vaso.
-
No quiero beber
Sirius.
-
Amigo, los
problemas de mujeres son los más serios que tendrás en la vida, y créeme que esta
es la única manera de pasarlos.
Remus aceptó el vaso de mala gana, pero la vació tan
de prisa que se sorprendió, y mientras Sirius se dirigía a servirle más, el
meneó la cabeza.
-
Definitivamente
eres una mala influencia
-
¿Yo? - dijo
en tono ofendido - Si serás desagradecido, trato de ayudarte
-
No creo que una
borrachera me ayude gran cosa.
-
No quiero que
te embriaguez, solo quiero que te tranquilices y veas las cosas con más calma.
-
¿Qué se supone
que vea con clama? ¿Mi enorme estupidez? ¿La imposibilidad del asunto? ¿Qué
todos querrían matarme si se enteraran? ¿Qué tendré que resignarme a verla del
brazo de algún estúpido jovenzuelo que tendrá tantas posibilidades de hacerla
feliz, como yo de alcanzar la luna?
-
¿Y por qué no
habría de ser feliz? - preguntó Sirius a quien eso particularmente,
le había llamado más la atención que todo lo demás
-
Porque la
conozco, sé cómo piensa, cómo siente y hasta conozco cada una de las posibles
reacciones que asumiría ante cualquier situación
Sirius lo miró atención y llegó a la desesperante
conclusión de que su amigo estaba loca y perdidamente enamorado de aquella
niña. Lo que de manera inmediata, podía convertirse en un enorme problema.
Porque hay dos cosas que no podemos ocultar por mucho que nos esforcemos, una
es la tos, y la otra el amor.
Sacó rápidas cuentas, y por fortuna solo faltaban
tres semanas para que los chicos volvieran a Hogwarts. Tal vez entonces el
tormento para su amigo cesaría, y tendría oportunidad de reponerse de aquella
descomunal locura.
-
¿De quién está
enamorada? - preguntó en un tono de profunda tristeza
-
No lo sé,
fuiste muy inoportuno, porque llegaste cuando intentaba que me lo dijese.
-
No puedo creer
que no me lo dijera.
Pero más que eso, lo que él se estaba reprochando
era haberla hecho a un lado, penando que la chica se estaba haciendo ilusiones
con él. Había sido bastante arrogante al pensar eso, y decididamente un
imbécil. Porque quién se enamoraría de él sabiendo lo que era, y menos una niña
bella e inteligente como ella.
-
¿Y por qué
habría de hacerlo? ¿Acaso notaste siquiera que está enamorada?
-
Porque
normalmente me lo cuenta todo. Y sí, si lo noté solo que… - se
interrumpió al darse cuenta de lo que iba a decir - bueno
no importa, en cualquier caso es mi culpa, desde hace varios días me he alejado mucho de ella.
Sirius que acaba de sorber un trago de su vaso, dejó
este suspendido en el aire y acto seguido escupió el contenido de su boca en
todas direcciones. Con aquella última
frase de Remus, las cosas habían terminado de calzar todas en lugar.
-
¡Eres tú! -
exclamó poniéndose de pie - ¡Eres tú, grandísimo infeliz!
-
¿De qué hablas
ahora, Sirius?
Pero Sirius estaba paseándose de un lado a otro y
juntando nuevamente las piezas. Ciertamente casi desde su llegada, a Hermione y
a Remus generalmente podía encontrárselos en la Biblioteca hasta bastante
tarde. Pero desde varios días antes de que llegara Harry, ya no era así, y
coincidentemente era el mismo tiempo que llevaba la chica perdiendo el apetito
y con aquella tristeza. Y también recordó lo que había sucedido esa misma
noche, y la caída de la taza que ella sostenía,
cuando Bill les dijo que Remus podría no regresar en algún tiempo.
-
Sirius - lo
llamó Remus, pero él seguía hundido en sus pensamientos -
¡SIRIUS!
-
¿Qué?
-
¿Cómo que,
qué? -
pregunto Remus - Dijiste que era yo ¿Yo soy qué exactamente?
-
Por todos los
infiernos Remus, en verdad estás en grandes problemas.
-
Eso ya lo sé.
-
No, no lo sabes
-
Bien, sácame de
mi ignorancia entonces
-
Que la chica es
de ti de quien está enamorada.
Dos sentimientos totalmente opuestos chocaron en el
interior del corazón de Remus. Por un lado la felicidad de pensar que ella
pudiese verlo de esa manera, y por el otro, la dura y cruel realidad de que
nunca podría ser.
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